Bogotá, la radio y las arepas rellenas.

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Ciudad de locos.

No era un evento importante, no era la entrada para Glastonbury, era simplemente una estación más del complejo sistema Transmilenio de Bogotá. Pero gracias a este tumulto que desde lejos se veía insoportable, y a que mi celular no contaba con ninguna canción, me dedique a escuchar la radio de la ciudad.

Parece que hay una tribu de costeños que se apoderaron de cada esquina de Bogotá para vender arepas rellenas en bicicleta. No es el tema, pero era el panorama mientras escuchaba un programa que se autodenomina “El último discjockey”. No se aún si sea una referencia al ultimo turno de radio del día, o una un poco con el ego más elevado, diciéndonos que él es el redentor de la radio y el último eslabón e su generación. Cualquiera de las dos es demasiado pretencioso. “El Niembro de la radio”, dijo Antonio Casale mas temprano refiriéndose a este espacio musical de la X.

Escuchaba el programa que hace Casale con Martin de Francisco, fútbol hablado más que todo, con algunos fondos de Daft Punk y Billy Idol. Entretenido, nada más, como para ir mirando el tedio de la ciudad detrás de la ventana de una buseta. Pero me gustó el comentario de Casale respecto de “El último discjockey”.

La X tiene una lista de yo creo no más de 40 canciones que ponen a rotar cada tanto en el día, canciones que les dicta la BBC Radio 1 de Londres, Marín y su combo están llenos de pasión por la radio pero muchas veces cruzan esa raya que los lleva a la pedantería. Hoy abusaron del disco debut de Avicii, este pelado sueco que reinventa un poco la electrónica, el mismo sonsonete pero ahora con influencias del Folk Americano. La música de la X es soportable, van a la fija, un éxito de Katy Perry por acá, Calvin Harris por allá, Rudimental y básicamente todo lo que ponga la BBC Radio lo pasa la X. Van a la fija, y el público jóven-adulto alternativo compra la idea. Lástima cuando Marín y su amigo Uribe se las dan de gringos importados y realmente con sus ganas de tener una estación en inglés en Los Angeles se vuelven realmente fastidiosos.

En Radioacktiva, una emisora que me recuerda el colegio, ni siquiera porque la escuchara, sino porque todos los imbéciles que se creían malos en mi colegio andaban con una calcomanía del planeta rock. Hoy le dieron un palo absurdo a This Disorder, una canción de The Features que personalmente escuche hace unos meses y me pareció un hit de radio instantáneo. Pero la gente sigue prefiriendo Coldplay, no está mal, pero si algo me he dado cuenta es que cierta gente tiene una leve obseción por Fix You, que claramente no es de las mejores canciones del grupo de Chris Martin. En Radioacktiva se mantiene esa inocente admiración frente al DJ, ese coqueteo del DJ con los oyentes, la emoción de que la llamada le entró a la emisora, los oyentes se siente parte activa de la programación de la emisora, y lo son. Cosa que no pasa en la X, porque básicamente ellos creen que tienen la música y simplemente evangelizan para que nosotros atentos escuchemos que es lo mejor de la música de vanguardia. Pedantes.

Las radios tropicales se cuelan en el dial, casi como un mosca rondando en mi oído rápidamente las espanto, no porque no me guste el vallenato u otro genero para mover el cuerpo de maneras asimétricas, sino que simplemente escuchar a Marc Anthony cantar que hay que vivir y hay que gozar mientras camino y observo una pareja de niños vendiendo frunas, no me parece na opción divertida.

Ahora se eleva la radio hacía el infinito ego de uno de los hermanos Sanchéz Cristo, Jaime, quién conduce Los Originales, ahora en la FM, le dejaron el espacio libre al Dr Marín en la X para que se divirtiera deleitándonos con su spanglish. Este programa es de una carga intelectual que me siento en una mesa del club El Nogal rodeado de gente tratando de hacerlo sentir a uno ignorante. Ellos seleccionan una música que va desde el jazz contemporáneo hasta Frank Sinatra. Pero no se bajan de su nube, de su olimpo, ellos están allá, por más de que hablen con los oyentes y los escuchen, siento que los mismos oyentes cambian su manera de hablar cuando pueden lograr el contacto con estos personajes de radio. Ellos hablan de Sherman Oaks en Los Angeles, de las obras de teatro en París, el esnobismo totalmente envuelto en una caballerosidad perfecta. Rico en una chimenea con una copa vino, un disco de Leona Lewis, rico, pero la vaina es que uno está en medio de un tumulto de gente que se pelea por subirse a un aparato que los lleve rápido a la casa, se les abona el ritmo calmado que logra hacerlo olvidar a uno del caos de la ciudad.

La mejor selección musical la puede tener Radiónica a ratos, el asunto con ellos es que son muy dispersos, las canciones no se sienten con una línea, primero suena Savages, una gran banda de post punk del 2013 y luego ponen Guns and Roses. Ellos cogen los lanzamientos de las disqueras independientes y los ponen a sonar, siempre apoyando el rock colombiano, que tal vez sin ellos, estaría más muerto de lo que está, no me vengan con ilusiones baratas. Si para la X el referente es la BBC para ellos es Pitchfork.

Y así cuando acabé la arepa rellena que me vendió el costeño pude ver otra vez la ciudad, igual de atestada en sus estaciones, lo más hermoso de Bogotá son sus atardeceres, como si le gustara morir lentamente, como si añorara entrar a la noche, y con visos de sol naranja rodea las cabezas de la gente que hacen cola para ir a sus casas, seguramente muchas de ellas acompañadas de música, que es de las pocas cosas que nos puede salvar de tirarnos por la ventana.

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