La burbuja se robó la música.

46785316462Se llevó la música, la reemplazó por esnobismo y pretensión, por bolsos de precios exorbitantes, absurdos, 2 millones y medio de pesos por un vestido, espero que este hombre haya estado pensando lo mismo que yo cuando le tomé la foto, “¿En qué momento nos volvimos ricos?”. Esta avalancha de marcas y de restaurantes costosos se apoderó de un lugar muy propio.

Mi rutina los sábados era muy predecible y simple, como a veces las cosas deben ser, diseño y música. Solía salir del restaurante luego de pasar platos de comida a gente desconocida derecho a la tienda de discos. Entrar a la Tower Records del Andino era mágico, cruzar la puerta y sentir olor del plástico de los discos me sacaba una sonrisa.

Más que la cantidad de discos y pasillos llenos de géneros era sentirse rodeado por música, llegaba al Rock, escuchaba en audífonos los discos que se podían oír, una canción, dos canciones, el tiempo volaba mientras dentro de los sonidos veía a la demás gente cabizbaja buscando música en los estantes. Había muchos discos con caratulas llamativas pero que no tenía ni idea de la banda, a veces quedaba en la intriga. ¿A qué sonará esto?. Pasaba por la electrónica, el metal, y largos estantes catalogados solo como Pop/Rock, no existía la necesidad de etiquetar todo en un género como ahora, indie, shoegaze, post punk, electrodubpsychorock, bla bla bla.

bbbb

Siempre me acuerdo de un tipo de afro gigante que se paseaba por los pasillos llenos de cajas de CD´s, solucionaba dudas acerca de bandas o de los años de lanzamiento de los discos, y yo caminaba mirando portadas, si todas las estaciones de escucha estaban ocupadas yo me hacía el pendejo, a veces lo más inteligente es hacerse el pendejo, hacía que miraba y buscaba algún CD, recorría el alfabeto pero siempre cerca de los audífonos que colgaban, y cuando la persona los desocupaba, me adueñaba de la música, de nuevo volvía a mí.

La gente hacía colas esperando poder comprar el CD de su gusto, sí, podría ser alguno de Carlos Vives o de Juanes, que importa, era la música.

Ahora la gente hace colas eternas y estúpidas para poder comprar un celular dorado, que solo les sirve para camuflar lo aburrido de la vida.

Esos eran los sábados, y hace ya algunos años ese espacio de música murió, fue arrasado por la crisis de la industria de la música, su cambio a lo digital, el disco se volvió un objeto de colección.

Ahora nos meten por los ojos a Gucci, a Hugo Boss, Dolce & Gabanna, como si estuviéramos en el primer mundo, como si al salir de la 82 con nuestras bolsas fuéramos a coger el metro mientras leemos en nuestro Ipad, pues no, los que compran huyen en carro, es una burbuja, una burbuja económica y una burbuja física. No es justo que una camisa valga lo mismo que un salario mínimo, que un arriendo valga lo mismo que en la Quinta Avenida.

En fin, lo importante es que se llevaron la música, se la llevó el mundo mismo, y está bien, los tiempos cambian, tal vez solo sea esto una ridícula muestra de nostalgia por los tiempos en que los dedos pasaban por cajas de CD´s buscando sorprenderse y no por links de YouTube.

A.

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