Reseña: Volviéndonos azules: The Black Keys, un rock al desamor.

No sé si sea moda o algo andar diciendo que el rock está muerto, que las guitarras están desapareciendo de la música, en un mundo colmado de sintetizadores y aparatos tecnológicos deshumanizando el arte. ¿Usted cree?

No sé ni lo entiendo, solo sé que si usted está triste y tiene una guitarra a la mano lo más probable es que la coja, y se pierda mientras sus dedos conducen a las cuerdas a los sonidos que su boca no puede emitir. Eso hicieron los Black Keys con este regalo que se llama Turn Blue, desahogarse, dejar que el rock, el blues, la distorsión hablaran por ellos.

Este es un disco que en general no va a gustar, ¿A quién le gusta sentarse a escuchar a alguien quejarse de su vida?. Los seguidores de su trabajos anteriores seguro los van a destrozar, a decir que este disco es de lo más tibio que han hecho, probablemente no entienden el objetivo de la música, sanar heridas, no siempre todo es por vender o complacer a todo el mundo.

The Black Keys llevan años haciendo música a su manera, viendo la luz de la fama relativamente hace poco debido a sus canciones de radio, hits de radio como Lonely Boy, esa canción que es perfecta para bailarla en la noche con una cerveza en la mano, moviendo la cadera y creyendo de nuevo en ese rock and roll que puede llenar pistas de baile, a veces se nos olvida que el rock se baila, que no todo puede ser EDM o tropielectrocumbia.

Turn Blue es el nuevo disco de la banda de Dan Auerbach y Patrick Carney. Para entender este disco parta de un hecho: Auerbach se acaba de separar, y como suele suceder cuando la fama salpica la vida de las personas, fue una separación mediática, lo cual solo agrega dolor al hecho que representa separarse de esa persona que pensó iba a ser su compañera por el resto de sus días. Así que de entrada no espere un ritmo como el de Gold on the Ceiling, o una guitarra eufórica que acompañada de una batería rítmica lo haga parar a mover el cuerpo. No se deje engañar de Fever, el sencillo de radio, suena muy chevere en el Transmilenio pero se dará cuenta que es una poesía a la distancia y el amor.

La música es un arte, y como todo arte es mejor cuando es sincero, cuando no está hecho para agradar sino para desahogarse, y si que este tipo se desahoga en este disco. El peso del amor, Weight of Love, así comienza este Turn Blue, de entrada una de mis favoritas del álbum, el tipo está serio, no necesita hacer nada más, las cuerdas lloran por él, que riffs y solos de guitarra se mando este hombre!, ¿Será que el mejor arte surge del desamor?.  Es un desamor rockero, lento y lleno de blues, de humo y de una desesperanza muy calmada, un dolor que no es deprimente sino más bien reflexivo.

Basta con leer los títulos de las canciones, a tiempo, depende de ti, amantes, una bala en el cerebro, fiebre… volviéndome azul. Azul. ¿Cuántas veces se habrá utilizado ese cliché en la música, en la poesía?, pues en este disco los Black Keys dejan claro que este azul no es el de Cristian Castro, no tiene nada que ver con playa ni con cielos, este azul es bien frío y pensativo.

Its up to you now, una canción que comienza con unas percusiones tribales y un tibio “yeah”, una canción que podrían haber hecho The Doors en los 70, casi que puedo imaginar a Jim Morrison bailando en círculos con sus pantalones de cuero, rodeado de humo, viendo indios y chamanes, viendo fantasmas del futuro que en este caso serían los Black Keys. Dios, que sentimiento!

Está claro que este es un disco para una persona, todo gira en torno a ella, ella que puede ser el cielo o el infierno, ella que logra declaraciones tan sentidas como en Year in Review, en donde adornado de guitarras lentas y distorsionadas Auerbach le dice que lo deje solo.  Es un desamor como usted y yo hemos sentido, quiere que se quede, la quiere poder volver a abrazar, no tan lejos que hace daño, pero tampoco tan cerca porque duele más.

La canción más animada viene al final, no feliz, es como una sonrisa tímida, una mirada llorosa hacía el futuro, es montarse en un carro, acelerar hasta el fondo en una carretera, ver el sol brillar y con la tristeza bien al fondo, cogiendo fuerzas de donde se pueda cantar  “Gotta get away from you”. Y así termina este disco, viendo como la parte trasera de ese carro se aleja en la carretera, tal vez esperando que el sol dure un poco más arriba antes del próximo atardecer.

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